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Posted by on Ene 19, 2012 in Articulos, Urbanismo | 0 comments

¿Ciudad?

¿Ciudad?

Nos gusta pensar en la “Ciudad” como causa y efecto al mismo tiempo. Como un ser vivo pensante que debe procurarse, atenderse y comprenderse; un ser vivo cuya evolución esta ligada FORZOSAMENTE a la de sus habitantes, estableciendo una perfecta simbiosis entre ambos.Entendiéndola como un espacio habitable, la arquitectura y todo lo relacionado directa o indirectamente a ella (las artes, tecnología, psicología, sociología, una visión crítica y analítica, etc.) debe ser un motor catártico que genere y provoque dar un paso hacia el entendimiento y bienestar común, es decir, una evolución del inconsciente colectivo que propicie que la sociedad se reinvente a si misma y por inercia propia, reinvente su contexto.Esta concepción si bien me satisface y funciona en papel, presenta contradicciones y frustraciones que tienen que ver con la misma naturaleza del ser humano; es decir, esos mismos habitantes que DEBEN propiciar la evolución de su entorno según las necesidades colectivas y del momento socio-cultural-económico que se vive, son  quienes se olvidan de que son parte de un conglomerado, de un organismo que necesita estar saludable en todos los sentidos, y así como así, desdeñan el bien común para adoptar una postura individualista, egoísta.

Entonces, si bien la ciudad es un espacio tangible, un escenario para el intercambio de interacciones y dinámicas humanas, existen fuerzas sociales y políticas que la rigen.   Estas fuerzas no son mesurables y mucho menos controlables, y siempre van a trabajar o a fluctuar de manera inesperada, interviniendo directamente con el proceso natural del ciclo de vida de una ciudad.

¿Esto a qué nos lleva? A pesar de que uno se puede acercar a una definición genérica para el concepto de “ciudad”, las geografías, contextos y realidades de cada una son únicos  y están supeditados a variables contundentes como son: La demografía, marco histórico-cultural de sus habitantes, grupos sociales, nivel de preparación y/o educación, acceso y distribución de los recursos, productividad industrial, entre muchas otras.

Asi llegamos a la triste realidad, de que en casos como el de la Ciudad de México, su progreso y su evolución (en el amplio sentido de la palabra) muchas veces es menguado o “monopolizado” por grupos sociales y/o sindicatos que se conforman con promesas de campañas políticas, o bien, por aquellos que tienen el “don” de buscar su propio beneficio a través del “oportunismo político”.

Sin ahondar en el caso particular de la Ciudad de México (tema que trataremos de abordar en retrospectiva en artículos subsecuentes) podemos decir que es correcto y lógico pensar que no se puede llegar a una definición ultima de “Ciudad”, sólo se puede llegar a una definición genérica que englobe las características principales. En lo general, cada ciudad tiene sus propias dinámicas, su problemática y su propia realidad, por ende, puede haber tantas definiciones de “ciudad” como ciudades o entornos urbanos existan. Cada persona debe definirse a si misma ¿qué es una ciudad para ellos? ¿en qué clase de ciudad quieren vivir?

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